Las cinco peores costumbres

La mayor parte de los usuarios nos ponemos delante de un ordenador sin más instrucciones que “darle a los interruptores de encendido”. Tanto si tienes delante un Mac como si tienes delante un PC, la primera vez que uno se pone delante de la pantalla está más perdido que un romano en una película del oeste.

Uno se encuentra con un fondo de pantalla, unos iconos, y según la pericia mental, vamos avanzando en la comprensión de cómo funcionan el “cacharro”. Unos salen adelante solos, otros llaman en caso de verdadero apuro y muchos, en cuanto se atascan recurren al amigo o familiar “enterado”, con el que crean una relación de dependencia eterna prácticamente insalvable, del cual ya nos hemos ocupado en otras ocasiones.

Teniendo en cuenta que prácticamente nadie se pone delante de un ordenador sabiendo, o con un curso de “fundamentos y buenas prácticas” de la rutina informática, no es raro que desarrollemos lo opuesto, es decir, malas prácticas, malos hábitos, que a lo largo del camino nos llevarán al desastre, a tirarnos de los pelos y a aprender por la vía dura algo que, a veces, con que alguien nos hubiera dado una indicación, podríamos haber corregido.

Vamos a enumerar cinco, pero seguro que podéis aportar muchas más -por propia -y dolorosa- experiencia:

No tener una dirección de correo electrónica específica para la “basura”

Muchos sitios en internet exigen registro para acceder a sus contenidos. Y eso es como firmar una garantía de que seguirás recibiendo boletines, ofertas, comunicados… y crece, y crece, y crece…

Créate un dirección que utilices siempre que pienses que vas a registrarte en un sitio poco fiable, al que sólo vas a ir ocasionalmente, o simplemente para tener todas esas comunicaciones publicitarias concentradas en un buzón que no requiera tu revisión diaria, sino un día que te aburras…

En .Mac puedes crear alias de tu cuenta principal y configurar una regla que dirija a una carpeta todo el correo que reciba, o crearte una cuenta gratuita en Gmail y usarla para esos mundos de los rellenos de formularios. Nosotros usamos una vieja cuenta gratuita de Wanadoo, que por destilación es la que acumula más comunicaciones no deseadas, no solicitadas y, por ende, no leídas.

La conclusión: Deja tu correo habitual para las cosas importantes, y ten una cuenta para todo lo prescindible.

No vaciar el buzón de entrada regularmente

Es un tema del que ya nos hemos ocupado en ocasiones anteriores, proponiéndote formas de gestionar todos esos correos que se quedan sin leer -y que nunca leerás. Si quieres saber más, puedes leer La política del buzón a cero, por Alf y Una alternativa a la política del buzón a cero: la bancarrota, por Alf. Pero la realidad es que en cuanto lleves un tiempo usando el correo electrónico, hayas iniciado correspondencia con amigos, colegas, etc. te vas a encontrar con un volumen de correo entrante que puede llegar a ser abrumante, sobre todo porque el día que más correos recibes es el día que menos tiempo de leerlo tienes. Nuevamente, nos ratificamos en el punto anterior.

Lo cierto es que se pueden borrar muchos correos simplemente leyendo quién lo manda y qué título tiene. No tienes que leer todas las tonterías que te manden, ni abrir todos los powerpoint sobre cómo debemos transmitir un poco de amor cada día… si utilizas Mail (o cualquier otro programa de correo electrónico, para el caso) dedica cinco minutos a aprender cómo funcionan las reglas y crea reglas que dirijan correos específicos a carpetas específicas, como Amigos, Familia, etc. de forma que cuando te asomes a la bandeja de entrada sólo tengas los que de verdad son importantes. Muchos correos sin leer pueden provocar que no veas uno que de verdad necesita ser respondido sobre la marcha.

Utilizar una contraseña para todo

De acuerdo, igual que con andar dando el correo por ahí, cada vez hay más sitios donde te han pedido que crees una contraseña para poder acceder (incluyendo, por ejemplo, faq-mac). Al final son tantos que te cansas de inventarte variantes y empiezas a usar siempre la misma, la que se ha acomodado en tu mente y que eres capaz de recordar siempre. Y la vas dejando por ahí… y un día pierdes el ordenador, o lo dejas desasistido en una feria, o te entran desde internet… y el suelo cede bajo tus piés… el banco (los bancos), las cuentas de correo electrónico, las cuentas de comercio electrónico (iTunes, grandes almacenes, hipermercados, tiendas de libros…), tu presencia en redes sociales, tu blog, cuentas de FTP en servidores de amigos. No sólo pueden desvalijarte y comprar a tu nombre todo tipo de objetos, desde aparatos de alta fidelidad hasta la compra de todo un año, sino que has puesto en peligro a amigos que confiaron en ti dejándote crear una cuenta.

Si alguien averigua tu contraseña (y es la misma para todo) estás j**** tú y has j**** a un montón de gente más. ¿Te hemos metido el miedo en el cuerpo? Bien.

Si usas Mac, utiliza Acceso a llaveros (que está dentro de la carpeta de Utilidades) para guardar todas las contraseñas de forma que siempre puedas recuperarlas cuando las necesites.

Mala estructura de archivos

De acuerdo, como comentábamos al principio, nadie te enseñó a manejar el ordenador, lo aprendiste solito, así que te has creado una rutina que -aparentemente- te funciona. Descargas archivos, guardas archivos, te pasan archivos. Unos están sueltos, otros en carpetas. A veces ordenas y a veces no. Tienes el escritorio como un comedero de patos. Tendrías que tirar archivos, pero sólo ponerte a mirar el listado te cansa. De hecho, como no das nombres largos (y significativos) al guardarlos, no estás muy seguro de qué son, o qué tienen. En el Mac tienes Vista rápida, que con presionar la barra espaciadora te permite tener un atisbo de los contenidos de los archivos con formatos más comunes, pero aún así…

Cuando quieres encontrar algo haces una búsqueda. Y dejas el archivo donde estaba, asegurándote así que repetirás la misma búsqueda cien, mil veces y no habrás arreglado nada ¿es que tu tiempo es infinito? ¿de verdad te da igual perderlo tontamente? Esto es lo que te propongo: haz tu buena obra de la semana y dedica una o dos horas a racionalizar las ubicaciones, es decir, toda la música dentro de la carpeta Música, los documentos dentro de la carpeta de documentos, las imágenes y fotografías dentro de Imágenes, etc. Despeja completamente el Escritorio. Si hay archivos que pertenecen al Escritorio porque los usas constantemente o no puedes moverlos, crea una carpeta que se llame Archivos del escritorio y mete ahí todo.

Si te da mucha pereza, y usas Mac, puedes comprar Hazel y te hará parte del trabajo. Si usas PC, puedes usar Belvedere.

Créeme, cuanto más despejado y ordenado lo tengas todo, más eficaz y rápidamente trabajarás. Sabrás si tienes algo o si ya lo tiraste… es el momento de empezar a desear que hayas utilizado el siguiente punto.

No hacer copias de seguridad

Ya lo sé. Tu disco duro tiene trillones de GB de espacio y apenas has llenado la mitad. Tienes mucho espacio libre. ¿Se te ha ocurrido pensar que -por poco espacio que hayas ocupado- lo importante es lo que tienes, no lo que te falta? De la mayor parte de las cosas que tienes en tu disco duro no las tienes en otro lado: correos, archivos, fotografías, películas, agenda,… ¿qué pasa si pierdes todo? ¿Quién se lo dice a mamá, o a tu pareja? ¿no eras tú el “entendido”? ¿y no hiciste ni una miserable copia de respaldo en un año, en dos años, en toda tu vida?

Nadie te lo ha dicho, pero los discos duros (en general) son mecánicos, son como los giradiscos (tocadiscos). Un brazo, una aguja, un plato giratorio… ¿te acuerdas de cómo se rayaban los discos? ¿cambiaste alguna vez la aguja del tocadiscos porque estaba gastada? Pues en los discos duros no se puede cambiar. Si se gasta, se tuerce, se desequilibra, el disco duro se rompe y queda ilegible. Finito. Acabado. Kaputt. Sólo queda comprar otro. Apple ha inventado Time Machine para que no tengas que preocuparte por ello (sólo tienes que conectar un disco duro externo). Y iSync si no tienes Leopard pero sí Mobileme. Si tienes PC… te toca -creo- pagar dinero para poder hacer copias de respaldo.

Incluso, si no quieres ponerte dramático (todos hemos experimentado el momento de pánico imaginando que se nos rompe el disco duro), imagina que, precisamente por el punto anterior, porque eres un poco cochinete guardando archivos, no les das nombres adecuados, y a veces guardas varias copias del mismo en distintos sitios porque no sabías/recordabas dónde estaba la primera, has borrado el archivo que necesitas. El documento que te mandó el jefe. La hoja de cálculo que hubieras jurado que tenías ahí mismo, si la viste ayer… las fotos de la boda de tu íntimo/a, que tienes que hacer copias porque dijiste que no te costaba nada, que tú te encargabas y hace ya dos semanas y te las están pidiendo y no aparecen… y no recuerdas, es más, estás seguro de que no las has borrado… pero no aparecen.

Créeme… no esperes a que te pase para aprender que hay que hacer copias de respaldo. Que nadie se ha lamentado nunca de tener “demasiadas” copias de seguridad. Si no las haces, hoy es un día tan bueno como cualquier otro para empezar.

Hoy empieza el resto de tu vida informática. Y puedes cambiar. ¡Sí, podemos!

Fuente:http://www.faq-mac.com/noticias/35719/cinco-peores-costumbres-usuario-ordenador-alf

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